domingo, 4 de diciembre de 2011

Visiones silenciosas de un futuro olvidado






Prácticamente todas las tradiciones del mundo que cuentan con siglos de antigüedad nos recuerdan que nuestra época no es un momento ordinario en la historia de la humanidad sobre la Tierra. Los que vivieron antes que nosotros nos legaron sus mensajes proféticos cifrados en sus textos sagrados, tradiciones orales y en los sistemas de cronometría. Sus mensajes, escritos para unas personas de las que sólo podían conocer su existencia en sueños, mantienen vivo el recuerdo de visiones, que en algunos casos preceden a los primeros momentos de nuestra historia escrita.







Con el tiempo, los temas de sus visiones se han incorporado a una gran variedad de tradiciones religiosas y prácticas espirituales. Por dispares que puedan parecer, las huellas de las similitudes en dichas tradiciones nos ofrecen claves para descifrar el sentido que esas palabras sacras tienen hoy para nosotros. Sólo recientemente, con la ayuda de los ordenadores y otras ciencias del siglo XX, se han podido confirmar y autentificar las referencias de las antiguas visiones respecto a un tiempo futuro.









LOS GUARDIANES DEL TIEMPO: LOS MISTERIOSOS MAYAS

A medida que nos acercamos a los albores del siglo XXI, uno de los misterios de nuestro pasado, el de los maya, todavía está por resol ver. Casi con la misma rapidez que hicieron su aparición en las remotas áreas de la península del Yucatán, hace aproximadamente 1.500 años, estos arquitectos de templos masivos y observatorios celestiales de pronto se esfumaron alrededor del 830. Además de sus inmensas plazas y torres de piedra desperdigadas, nos dejaron pistas de su pasado, y quizá de nuestro futuro, en sus inigualables cálculos del tiempo.

El calendario de los mayas puede que sea uno de los sistemas más antiguos y sofisticados de medir el tiempo conocidos por la humanidad. Hasta la llegada de nuestros relojes atómicos, basados en la vibración del átomo de cesio, el calendario maya rivalizaba en precisión con cualquier otro sistema de medir el tiempo conocido hasta el siglo XX. Hasta la fecha, los descendientes de los antiguos mayas calculan el tiempo y determinan la fecha correcta mediante un sistema que, según los expertos, «no se ha saltado ni un día en, más de veinticinco siglos». Al reconocer la naturaleza como ciclos recurrentes de acontecimientos, el calendario maya refleja que ese' pueblo entiende el tiempo como un sistema de períodos que se entremezclan.

En el sistema de medición del tiempo maya era esencial un cálculo de 260 días denominado tzolkin o «calendario sagrado». Común a otras tradiciones mesoamericanas, el tzolkin se crea como una interconexión entre veinte días designados y un cálculo basado en el número trece (es decir, 20 meses de trece días). Los mayas, sin embargo, llevaron su cronometría aún más lejos. Entremezclado con un calendario de 365 días denominado «año vago», progresaban los dos ciclos de tiempo como los engranajes de dos ruedas, hasta que se producía la extraña concurrencia de que un día del calendario sagrado coincidía con el del calendario vago. Eso marcaba el fin de un ciclo de 52 años; ese día, que era muy celebrado, definía un período de tiempo aún más extenso. El «gran ciclo» de los 5.200 años anteriores era medido como 100 ciclos de 52 años. Según estos cálculos y las tradiciones de los propios sacerdotes del calendario maya, nuestro último gran ciclo empieza en los tiempos bíblicos de Moisés, en el 3114 a.C., y termina en el 2012.

Las visiones mayas sobre nuestro futuro están íntimamente relacionadas con su sistema de medir el tiempo. Los antiguos profetas sugieren que los ciclos del tiempo tienen características únicas que se basan en una «gran ola» que viaja periódicamente por el cosmos. Mientras la ola se riza durante la creación, su movimiento sincroniza la vida y las fuerzas de la naturaleza en ciclos. El final de nuestro ciclo actual se considera especialmente significativo tanto para la Tierra como para la humanidad.

El doctor José Argüelles, reconocido experto en la cosmología maya, sugiere que el actual subciclo de veinte años, que empezó en 1992, marca,

«el surgimiento de tecnologías no materialistas y ecológicamente armónicas... apoyadas por una nueva sociedad mediárquica de información descentralizada ...».2
Los mayas ancianos de nuestros días creen que el cierre de este gran ciclo milenario tendrá lugar en nuestra generación, en el año 2012, lo cual ya se había predicho hace tres mil años. Ven este momento único como la culminación de un ciclo y el nacimiento de una época de cambios extraordinarios. El doctor Argüelles, al hacer referencia a atributos específicos asignados a los ciclos, evoca las creencias mayas cuando sugiere que, con la convergencia de los ciclos mayas, se cumplirá nuestro propósito de «reunir toda la mente de la Tierra... y sellarla con una armonía de simiente estelar».'

De modo similar, las tradiciones aztecas del centro de México siguen los grandes períodos de la historia de la Tierra con sus ciclos denominados «soles». Su historia les habla de una época del primer Sol, denominada Nahui Ocelotl, cuando nuestro mundo estaba habitado por gigantes que vivían sobre la tierra. Si evocamos las referencias bíblicas a un mundo similar, nos encontramos con que el preniceano Libro de Enoc describe los días en que,

«las mujeres que concebían sólo parían gigantes, cuya estatura era de 300 codos [unos 150 metros]. Estos devoraban todo lo que producía el trabajo de los hombres hasta que fue imposible alimentarlos ...».4

Este período concluyó cuando el reino animal conquistó al reino humano.

El segundo Sol o siguiente gran ciclo, denominado Nahui Ehecatl, tiene lugar cuando los seres humanos empezaron a cultivar y a cruzar las plantas. Este período culminó con un gran viento que barrió la superficie de la Tierra, arrasando todo lo que encontró a su paso.

Durante el tercer Sol, Nahui Quiauhuitl, los pobladores de la Tierra construyeron grandes templos y ciudades. Se dice que grandes grietas y una «lluvia de fuego» puso fin a este ciclo. En los registros geológicos podemos ver que, de hecho, hubo un tiempo en que partes de la Tierra estuvieron cubiertas de fuego. Se cree que fue debido a la colisión de un objeto, posiblemente un asteroide, hace casi 65 millones de años. El final del cuarto Sol, con hielo e inundaciones, también se ha confirmado geológicamente, así como en las tradiciones orales y escritas de todo el mundo. El calendario azteca indica que hoy estamos viviendo los últimos días del quinto Sol. El fin de ese quinto mundo se predice que tendrá lugar en nuestra generación, coincidirá con el último ciclo maya y dará lugar al próximo gran ciclo, el nacimiento del sexto Sol.

Con el pasado como plantilla, muchas antiguas tradiciones describen los días del cambio como tiempos de tribulaciones y purificación. En esos tiempos se nos invita a que contemplemos los inusuales y, en algunos casos destructivos, despliegues de la naturaleza como una oportunidad para fortalecernos y prepararnos para cambios aún mayores que tendrán lugar en el mundo. Los temas comunes a todas las profecías sobre esta época de la historia incluyen fenómenos climáticos anormales y la pérdida de la costa debido al aumento del nivel del mar, hambrunas, sequías, terremotos, y la destrucción de las infraestructuras en todo el mundo.

Los profetas del siglo XX, como Edgar Cayce, han previsto cambios masivos en nuestro planeta, que se supone que reestructurarán la geografía de Norteamérica desde finales de los noventa hasta el siglo XXI. Esto incluye visiones de un gran mar interior, que conectará el Golfo de México con los Grandes Lagos, y la inmersión de gran parte de las costas orientales y occidentales. Las descripciones gráficas que se han hecho de nuestro futuro, a veces de cientos o de miles de años de antigüedad, han establecido un nuevo criterio para las posibilidades de la tecnología interior y la profecía.


¿Cómo pudieron nuestros antepasados haber vislumbrado lo que todavía ha de suceder en nuestro tiempo? Quizá lo que es aún más importante: ¿hasta qué punto son exactas sus visiones sobre nuestro futuro?



No hay comentarios:

Publicar un comentario