martes, 23 de noviembre de 2010

EL ÁRBOL DE LA VIDA

 

El Arbol de la Vida es un símbolo que se ha ido completando a través de los siglos. Es el esquema simbólico más completo que se ha recibido, representando los distintos planos o estados de manifestación de la Creación y la relación del Ser humano con ellos. Formado por las 11 Esferas de la Cábala más los 22 Arcanos Mayores, señala todos los pasos que el ser humano debe realizar desde su estado primario en la Esfera de El Reino (Malkuth) hasta alcanzar la Esfera de la Corona (Kether) para alcanzar su plena expresión y realización espiritual.
El curioso sistema simbólico que conocemos como Árbol de la Vida es una tentativa para poner en forma diagramática cada una de las fuerzas y factores del Universo Manifestado y el Alma Humana, para correlacionar una con otras y revelarlas como en un mapa, mostrando las posiciones relativas en que puede considerarse cada unidad y las relaciones entre ellas. En pocas palabras, el Arbol de la Vida es un compendio de Ciencia, Filosofía, Psicología y Teología.
"Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles”.

Si estudiamos detenidamente la figura adjunta del Arbol de la Vida, vemos que se forman en ella tres triángulos que unen diversas esferas. Básicamente vemos que, a simple vista y en forma descendente, se forman tres triángulos que reciben los nombres de: Triángulo Superior o Superno, Triángulo Etico y Triángulo Mágico.

Si observamos la forma que tiene cada uno de ellos, vemos que el primer triángulo (Superno) construido con las esferas de La Corona (Kether), La Sabiduría (Kjokmah) y El Entendimiento (Binah), es de carácter ascendente, teniendo su cúspide en Kether, en tanto que el triángulo que le sigue, el Triángulo Etico, conformado por La Misericordia (Kjesed), La Fuerza (Gueburah) y La Armonía (Tipheret), es de carácter descendente y se manifiesta como un reflejo del anterior, como si estuviera puesto sobre un espejo. Ahora bien, el Triángulo Mágico, que sigue a los otros, también es un reflejo del primero y una repetición del segundo, evidentemente a una menor escala. Por último, tenemos la esfera de El Reino (Malkuth), que si bien no forma un triángulo con otras esferas, es el receptáculo de todas las demás esferas del Arbol de la Vida.

No podemos dejar de analizar la relación general que se produce entre los diversos triángulos del Arbol de la Vida debido al hecho de que los triángulos inferiores actúan como reflejo del superior o superno.

La palabra «reflejo» está definida en el diccionario como «aquello que ha sido reflejado», en tanto que «reflejar» está definido como «hacer retroceder o cambiar de dirección los rayos luminosos, caloríficos, acústicos, etc., oponiéndoles una superficie lisa». Por su parte, la palabra «imagen» se la concibe como «representación en pintura o escultura de una persona o cosa; representación de la divinidad, de los santos, etc.: representación de la figura de un objeto formado por la reflexión o refracción de los rayos de luz». Como se verá entonces, la palabra «reflejo» tiene una directa relación con la idea de imagen. Pero bien, este reflejo se da invertido como ocurre ante un espejo o en el agua. De allí que algunas imágenes antiguas del macroprosopos y del microprosopos se ve al derecho la primera y al revés, o invertida, la segunda, dándole una connotación demoníaca a la creación, o tomando el término «demiúrgico» en un sentido negativo y peyorativo que no tiene.

Asimismo en la Biblia se dice que el ser humano es creado a la imagen y semejanza de Dios. Nuevamente tenemos aquí la idea de imagen que, como hemos visto, se refiere a un reflejo; pero aparece también el término semejanza, que nosotros sabemos que se refiere a igualdad. Sin embargo, desde el punto de vista matemático implica una igualdad en los ángulos y una proporcionalidad en las líneas correspondientes. De esta definición matemática, que es más específica, nosotros podemos colegir que los términos «imagen y semejanza» se refieren a un «reflejo proporcional» de Dios.

Aplicados ahora estos conceptos a los triángulos en estudio, tenemos que el segundo y el tercero son un reflejo proporcional del Triángulo Superno, con una igualdad aparente, puesto que son un reflejo y, en consecuencia, su potencialidad no es la misma sino que es proporcionalmente inferior.

Muchas veces hemos visto en televisión alguna secuencia donde se muestra a una soprano que es capaz de romper los cristales al emitir determinadas notas; sin embargo - en el evento que esa secuencia sea real, o no una mera recreación artística - no se producen los mismos resultados con los artículos de cristal que nosotros tengamos cerca del televisor en ese momento, y ello es debido a que el aparato electrónico, si bien reproduce las imágenes y sonidos, no los trasmite con la misma fuerza e intensidad, distorsionando y aminorando los efectos de la realidad, lo mismo que ocurre con las energías espirituales, que no son manifestadas con la misma fuerza e intensidad en los planos inferiores, Por ello somos solamente una imagen proporcional de nuestro ser superior.

Antes de terminar, es útil recordar que en la esfera del Reino nos vamos a encontrar con los cuatro elementos, tres de ellos formando un triángulo, más un elemento que será la síntesis de los demás (la tierra o el color negro).

En todo caso, conviene tener presente que la idea de reflejo nos indica algo que está representado, lo que no quiere decir que tenga todos los atributos y potencias del ser que es representado, sino que es su imagen, su reflejo y, por lo tanto, sus potencias son proporcionales al ser que representan.

Pasaremos ahora a un estudio detallado de los tres triángulos básicos que se forman en el Árbol de la Vida, y a la esfera del Reino (Malkuth) que es el receptáculo de todas las energías que descienden desde las demás esferas de la Cabalah.

El Triángulo Superno o Superior:
Este primer triángulo está conformado por las esferas de La Corona (Kether), La Sabiduría (Kjokmah) y El Entendimiento (Binah), además de los senderos Nº 11, El Mago; Nº 12, La Sacerdotisa, y Nº 14, El Emperador.

Además de los componentes señalados debemos agregar la esfera de Daath, o El Conocimiento, que si bien se nos ha enseñado que es un estadio de consciencia fundamentalmente móvil y que su actividad puede hallarse en cualquier parte del Arbol de la Vida, no es menos cierto que su génesis se da con el Inmanifestado o con esta tríada, mas no con las otras, como pasaremos a explicar.

Para algunos autores, la esfera de Daath es una forma de manifestación directa de la Existencia Negativa o Inmanifestado que se expresa en la Creación, jugando en ella el rol de «embajador». Para otros, esta esfera es la resultante de la interacción de las esferas de La Sabiduría (Kjokmah -Activo) y de El Entendimiento (Binah-pasivo): «El Padre Superno, Abba, se casa con la Madre Superna, Ama, y Daath es el hijo». También hay algunos que sostienen que la esfera de Daath es el reflejo de la propia esfera de La Corona (Kether).

Sin embargo, cualquiera que sea la concepción que se tenga de esta esfera, si la analizamos desde el punto de vista tridimensional, proyectada hacia el centro y hacia afuera del triángulo superior, tendremos que – conjuntamente con este - se forma una pirámide simple de base triangular, siendo esta base el triángulo superno, compuesto por Kether, Kjokmah y Binah. Ahora bien, por el hecho de ser una pirámide de base triangular, es la primera figura tridimensional que se puede formar en el mundo de la geometría, y ello involucra un salto de dimensión desde lo bidimensional a lo tridimensional, que hace posible la creación de todas las demás figuras de este Universo. Resulta entonces interesante aplicar esta analogía a nuestro tema de estudio.

Con la analogía señalada, podremos comprender la situación que acontece en los estados de la inexistencia, en donde los tres elementos: Ain, la Negatividad; Ain Soph lo ilimitado, y Ain Soph Aur, la Luz ilimitada, se unen para provocar un salto desde lo adimensional a lo unidimensional, en donde la esfera de La Corona (Kether) es su resultante (o elemento de transición, si usamos los términos del ciclo dinámico). Por ello, es importante tener presente la imagen mágica de esta esfera que corresponde a la de «un Rey anciano, barbudo, visto de perfil». Importa destacar aquí la característica de que se encuentra de perfil, esto es. que no tenemos una visión completa de él sino sólo una parte, quedando oculta o fuera de nuestra percepción - mejor dicho, fuera de nuestra dimensión - aquella parte que lo une a lo Inmanifestado preservando su esencia incólume.

Del elemento Kether emanan, a su vez, dos polaridades o elementos diferentes y opuestos entre sí, el elemento activo o energía (Kjokmah) y el elemento pasivo o forma (Binah). De ahí entonces que las respectivas imágenes mágicas de cada uno de ellos son: una figura masculina, con barba, para La Sabiduría, y una mujer madura, una matrona, para El Entendimiento, Ambas, así como todas las demás esferas del Árbol de la Vida, emanan en un único y mismo acto, ya que esta creación, desde el punto de vista de Dios, no se genera en el tiempo y en el espacio, sino que estos elementos son consecuencia de aquella. Como nosotros apreciamos este universo dentro de nuestro tiempo y espacio, podemos sacar conclusiones tergiversadas y alejadas de la realidad esencial, debido a que estamos sometidos a las limitaciones de la propia creación.

Toda nuestra existencia gira en torno a un universo que es un enorme reflejo del pensamiento divino, denominado maya por los hindúes. Sin embargo, estas distorsiones reciben distintos nombres, dependiendo del plano en que se esté trabajando, denominándose «ilusión» en el mental y «espejismo» en el emocional. Así es como, mientras más denso sea el plano en el que nos encontramos, más alejados estaremos de la realidad esencial. Al estar sometidos a las innumerables y diversas leyes que rigen cada uno de los planos de manifestación, más enmarañada está nuestra percepción. Por ello se dice que mientras más elevado es el plano en que se encuentra el estudiante, más libre puede ser, hasta llegar el momento en que estará tan liberado que volverá a su esencia espiritual, fundiéndose con el Creador.

Podemos decir que el mayor estado de liberación lo podemos lograr en el estado de consciencia que emana de la esfera de Kether y que, en nuestro actual estado de existencia, podemos lograr, al menos, un acercamiento místico a través de la visión de su imagen mágica.

Con respecto a la esfera de La Sabiduría (Kjokmah), cuesta establecer la relación con el elemento activo o positivo del Árbol de la Vida, ya que lo usual es que el primer elemento - en este caso, Kether - sea el activo. Para comprender esta situación debemos analizar, desde un punto de vista didáctico, la dinámica que se produce desde la Inmanifestación hasta la esfera de Binah. Como vimos anteriormente, la esfera de Kether es la resultante del proceso que se produce en el Inmanifestado:

Activo = Negatividad (Ain),
Pasivo = Lo Ilimitado (Ain Soph),
Neutro = La Luz ilimitada (Ain Soph Aur);

siendo la esfera de Kether la transición de este proceso. Lo normal es que el elemento de transición se constituya en el elemento activo del siguiente proceso. Sin embargo, ello no ocurre con Kether por cuanto, si bien nace de un proceso dinámico, su manifestación completa no se da en este mundo - no forma parte de él - sino que está sobre el sistema o estructura. Por ello recibe el nombre de Corona.

Kether está en proceso de transformación permanente (Primeros Torbellinos) del cual emana la polaridad activa y pasiva de la Manifestación: Abba y Ama, el Padre Superno y la Madre Superna, Activo y Pasivo, Kjokmah y Binah, que no son más que Kether transformado en energía y forma. Esto es lo que comúnmente escuchamos en diversas religiones como la Unidad y Trinidad de la Divinidad al decir que «Dios es Uno y Trino», en otras palabras, es la Cabeza Que No Es, el Padre y la Madre.

El Triángulo Etico:
El segundo triángulo que se forma es un reflejo del primero, una imagen proporcional, figura invertida de la Tríada Superna. Está conformado por las esferas de La Misericordia (Kjesed), La Fuerza (Gueburah) y La Armonía (Tipheret).

Llama la atención el nombre de Triángulo Etico que se le ha dado a esta tríada, ya que nos sugiere la idea de que ella nos está rigiendo en relación a ciertos principios o normas de regulación de las formas y energías de la creación. Ello es así y lo explicamos a continuación:

El primer elemento que aparece en la Creación después de la aparición de la Tríada Superna - que se encuentra bastante alejada de nuestra realidad y percepción por ser eminentemente abstracta y sutil - es la esfera de la Misericordia (Kjesed-Zeus), Si utilizamos la mitología griega podemos encontrar algunos antecedentes que nos permitirán comprender la relación que aquí se produce. Cronos-Saturno, conocido como el dios de la tierra y de la cosecha, personificación del Tiempo, hijo de Urano y de Gea, había destronado a su padre, rigiendo al mundo, y para evitar correr la misma suerte devoraba a sus hijos apenas nacidos. Sin embargo, su esposa Rea, en vez de entregarle al último de ellos, envolvió una piedra en un pañal y se lo dio a tragar sin que Cronos se diera cuenta del engaño. Este hijo llamado Zeus (Júpiter para los romanos) creció alejado de su padre y, siendo ya adulto, lo destronó y extrajo de las entrañas de Cronos a sus demás hermanos liberándolos. Entre ellos lograron salvarse Poseidón (dios de los océanos), Plutón (dios de los infiernos) y Hera, esposa y hermana de Zeus. Desde ese momento Zeus gobernó en reemplazo de su padre. Posteriormente, padre e hijo se reconciliaron y Cronos-Saturno gobernó a los dioses antiguos.

Binah (Cronos-Saturno) representa la gran matriz del Universo de la cual emanarán todas las demás formas de la creación. Hasta el instante previo a la aparición de Kjesed (Zeus) todas las demás formas (sus hermanos) habían quedado aprisionadas en la Gran Matriz, sin que hubieran podido llegar a plasmarse, debido a la falta de energía suficiente. Sólo Kjesed (Zeus), con ayuda externa, logra sobrevivir a ese aprisionamiento y, una vez llegado a la madurez, podrá liberar a las demás formas, Esto ocurrirá cuando tenga la fuerza suficiente para generar su propia creación: el septenario inferior demiúrgico.

De aquí en adelante emanarán de la esfera de Kjesed todos los arquetipos del septenario inferior del Árbol de la Vida. Por ello es que en esta esfera se dan las profecías y la conexión con los Maestros del pasado. Esta esfera es el nexo con lo superior de donde emanan todas las formas y a través de ella se pueden plasmar las formas inferiores, conociendo lo superior y lo inferior. No obstante, también en la esfera opuesta, la Fuerza (Gueburah), nos encontramos con aspectos arquetípicos, esta vez orientados hacia lo kármico, además de la regulación a través de las normas y de la disciplina, que nos impele a una actuación determinada dentro de ciertos parámetros.

Tenemos entonces los aspectos profético-intuitivos de la esfera de Kjesed y los aspectos kármicos de la esfera de Gueburah. Ambas orientan el desarrollo del resto de la creación y, en especial, de nuestro pensamiento y sentimiento. De ellas emana todo el aspecto formativo que tendrá su concreción en el cuaternario inferior (la personalidad en el ser humano).

La intuición de la energía activa (Kjesed) en conjunto con la rigidez kármica de la forma y la disciplina (Gueburah) se sintetizan en la esfera de la Armonía (Tipheret). Estas tres esferas nos brindan el aspecto ético o moral (arquetípico) a través de los cuales se regirá la vida en los planos inferiores.

En otras palabras, podemos decir que la regulación ética o moral de esta Tríada se asimila a los arquetipos, que luego se estructurarán en pensamientos, después en ideas, las que encontrarán su concreción en lo físico. Hay un descenso, entonces, desde lo general y abstracto a lo particular y concreto, produciendo una armonía entre lo existente en los planos sutiles y lo creado en los planos inferiores. Esta armonía sólo puede ser entendida cuando se analizan las cosas o situaciones de la vida o de la historia en el verdadero contexto espiritual del peregrinaje y redención del alma. En esta esfera encontramos también el equilibrio perfecto entre las normas legales que regulan la vida de la creación y la suficiente inspiración de justicia y misericordia, emanada de la Voluntad Superior, De allí que las conductas valorativas, sean estas emocionales o mentales, deben encuadrarse en aquellas formas arquetípicas más elevadas.

La Tríada Mágica:
La tercera tríada del Árbol de la Vida está conformada por las esferas de La Victoria (Netzach), La Gloria (Hod) y El Fundamento (Yesod). Esta tríada es también un reflejo de la Tríada Superior y, por lo tanto, tiene una estructura invertida, o sea descendente, siendo el Fundamento su vértice inferior.

El nombre con el que se suele conceptualizarla es el de Tríada Mágica, por su especial interrelación con todo el proceso fenoménico que es capaz de producir la unión de lo astral o emocional, lo mental y lo etérico o electromagnético. En estos tres campos es donde se forman los vórtices de energía para su concretización en el plano físico y es donde se generan los procesos creativos finales.

Esta Tríada reviste entonces una gran importancia para toda la actividad creativa del ser humano, así como para la modificación de conductas arraigadas en su inconsciente, ya sea éste personal o colectivo, sobre todo cuando se realiza con un equilibrio emocional y mental.

Como ejemplo, podemos señalar que cuando una persona necesita efectuar un cambio en el mundo físico, requiere antes que nada establecer un objetivo prioritario dentro de las muchas necesidades que ella pretende alcanzar. Una vez establecido un objetivo (Hod), debe dinamizarlo o energetizarlo con la motivación suficiente para que llegue a plasmarse en lo físico, y ello se produce con el trabajo emocional o astral (Netzach). Una vez unido lo mental y lo emocional, el objetivo empezará a tomar una forma específica en el mundo etérico (Yesod), hasta que por fin trascenderá esta tríada para plasmarse en la esfera del Reino (Malkuth), el mundo físico.

Por otra parte, las personas con una mayor carga emocional requieren desarrollar la parte mental con el objeto de poder llegar a la concretización en el plano físico. Si no, gastan demasiada energía que se dispersa en innumerables objetivos sin que lleguen estos a resultados concretos, o dilatan su realización en el tiempo.

En este aspecto podemos destacar entonces que se hace necesario un crecimiento armónico en las personas, tanto en lo emocional como en lo mental, para que haya un desarrollo pleno. Mejor aún si ello se produce en escuelas iniciáticas que persigan potenciar la parte mental, como lo es el Martinismo, o las escuelas del Cuarto Camino, y la parte emocional superior, como es el desarrollo místico de las verdaderas escuelas Rosacruces y similares. Ambas vías en conjunto, conocidas como la vía cardíaca y la vida mental, nos pueden llevar a desarrollar, a su vez, la vía de la consciencia, que se encuentra en el Pilar del Medio, también denominado Pilar de la Consciencia o Equilibrio del Árbol de la Vida.

El Reino (Malkuth):
Como decíamos al comienzo, la esfera del Reino no forma triángulo alguno, al menos en el esquema en que nos encontramos trabajando. Es el receptáculo de todas las demás esferas del Arbol de la Vida y, especialmente. de las esferas de la Victoria (Netzach), la Gloria (Hod) y del Fundamento (Yesod). De ahí entonces que, como estas esferas corresponden a los mundos inferiores en el Arbol y a la personalidad en el ser humano, de su influencia se produce la formación de un mundo cuaternario en el Reino.


Por ello es que cuando se otorgan las relaciones cromáticas de cada una de las esferas a la esfera de Malkuth, se le asignan cuatro colores. Esta relación es la siguiente:

La Corona, Kether: Blanco
La Sabiduría, Kjokmah: Gris
El Entendimiento, Binah: Negro
La Misericordia, Kjesed: Azul
La Fuerza, Gueburah: Rojo
La Armonía, Tipheret: Amarillo dorado
La Victoria, Netzach: Verde
La Gloria, Hod: Anaranjado
El Fundamento, Yesod: Violeta
El Reino, Malkuth: Oliva, limón, bermejo y negro.

Desde este punto de vista, observamos que la tríada superior se basta a sí misma para generarse cromáticamente desde su aparición dual propiamente tal: Luz-Sombra, para dar la composición del gris y del negro de Kjokmah y de Binah. Luego se produce un salto dimensional y se pasa a la composición colorida, partiendo de la segunda tríada. Como vemos, ésta corresponde a los colores primarios: azul (Kjesed), rojo (Gueburah) y amarillo (Tipheret).

Luego se forma la tercera tríada por las combinaciones de las tres esferas anteriores:
Netzach = verde; por el azul de Kjesed más el amarillo de Tipheret;
Hod = anaranjado; por el rojo de Gueburah más el amarillo de Tipheret;
Yesod = violeta: por el azul de Kjesed más el rojo de Gueburah.

Por último, en la esfera de Malkuth se forman cuatro colores: limón, oliva, bermejo y negro, por la intervención compleja de las siguientes esferas:
Limón: amarillo de Tipheret y violeta de Yesod
Oliva: rojo de Gueburah y verde de Netzach
Bermejo: azul de Kjesed y anaranjado de Hod.

El color negro del Reino (Malkuth) juega un rol muy importante por cuanto es la síntesis de todos los demás colores. Podemos decir que es la síntesis de todas las demás influencias del Árbol de la Vida. Por ello, previo a su aparición como tal - representando además el elemento tierra - se forma una tríada con los demás elementos: aire, fuego y agua.
El árbol de la vida,  segun la Iglesia Catolica f. 83r (Ap. 22, 1-5)
Discretamente evocado en el f. 78, el tema del río de la Vida bordeado de árboles salvadores no se retoma aquí de forma descriptiva sino simbólica, en gran parte inspirado por el comentario. Su autor recuerda que el árbol de la Vida fue concedido a Adán en el paraíso terrestre. Prosigue su comparación con el Génesis, asimilando este árbol al del conocimiento del bien y del mal, cuyo fruto prohibido provocó sufrimientos, vejez y muerte en el mundo en el momento del pecado original. Sin embargo, con su muerte redentora en la cruz, Cristo se convirtió él mismo en árbol de Vida, papel del que participa su cuerpo místico, es decir, la Iglesia, cuyos pilares son los doce apóstoles. El árbol da cada mes su fruto, “es decir, continuamente; puesto que al igual que Cristo simboliza el año, los apóstoles representan los doce meses”. Como frutos redondos, sus cabezas aureoladas, a las que el iluminador ha añadido una decimotercera, la de san Pablo, apóstol de los gentiles, aparecen entre las hojas, siguiendo una disposición que recuerda la del árbol de Jesé: rodean el brote final ocupado por un busto de Cristo, curiosamente velado y dotado de un nimbo crucífero.

El árbol está flanqueado por Moisés, a la izquierda, y san Juan, a la derecha. En una especie de diálogo tipológico, el legislador, símbolo de la antigua Alianza, sostiene una filacteria con una cita del Génesis: “Lignum vite in medio paradisi” (“el árbol de la vida en medio del paraíso”, Génesis, 2, 9); san Juan, figura del Nuevo Testamento, lleva el versículo del Apocalipsis correspondiente: “Lignum vite afferens fructus. XII. per singulos menses” (“el árbol de vida que fructifica doce veces, una cada mes”).

Haciendo hincapié en la imagen del Edén, el artista ha representado el río paradisíaco bajo la apariencia de pequeños personajes vertiendo el contenido de sus ánforas, aguas que hacen referencia a Geón, Pisón, Tigris y Éufrates. Estos cuatro ríos situados en los medallones de los ángulos de la composición constituyen una imagen tradicional de los evangelistas.

La ilustración de este pasaje ha suscitado una composición que tiene valor de síntesis catequística: el árbol simbólico es una superposición del árbol del conocimiento alrededor del cual la serpiente tentadora se enrosca para seducir a Adán y Eva, y del árbol de Vida, cuerpo de Cristo Redentor, ofrecido como alimento en la Eucaristía por el ministerio de la Iglesia.

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