jueves, 4 de noviembre de 2010

EL CONOCIMIENTO Y EL PROFETA


Y un hombre dijo, «Háblenos del conocimiento de sí mismo».
Y él contestó, diciendo:
Sus corazones saben en silencio los secretos de los días y las noches.
Pero tus orejas anhelan el sonido del conocimiento de sus corazones.
Quieren saber en palabras lo que siempre han sabido en pensamiento.
Quieren tocar con los dedos el cuerpo desnudo de sus sueños.
Y es bueno que esto quieren.
El manantial escondido de tu alma tiene que levantarse y correr murmurando al mar;
Y el tesoro de tus profundidades infinitas te sería revelado a los ojos.
Pero que no haya escalas para pesar tu tesoro desconocido;
Y no busques las profundidades de tu conocimiento ni con bastón ni con plomada.
Porque el yo es un mar sin límite y sin medida.
No digas, «He hallado la verdad», sino, «He hallado una verdad».
No digas, «He hallado el camino del alma». Sino di, «He conocido al alma que anda en mi camino».
Porque el alma anda en todos los caminos.
El alma no anda en una línea, tampoco se crece como un junco.
El alma se desplega, como una loto de pétalos incontables.

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